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Deshidratación en los ancianos

Si bien la alimentación y la desnutrición en los hospitales suele ser noticia, la deshidratación también es una preocupación importante. La deshidratación prevenible en los entornos de atención, ya sean residenciales u hospitalarios, es un indicador de la mala calidad de la atención. Y aunque puede ser prevenible, parece que sigue siendo demasiado común en las personas mayores. Mejorar la hidratación puede traer bienestar y una mejor calidad de vida para los pacientes, permitir la reducción del uso de medicamentos y prevenir enfermedades.

Puede obtener más información sobre la hidratación y acceder a la guía de hidratación saludable del BNF en http://www.nutrition.org.uk/healthyliving/hydration/healthy-hydration-guide.

Factores de riesgo para la deshidratación

Las personas mayores son vulnerables a la deshidratación debido a los cambios fisiológicos en el proceso de envejecimiento, pero esto puede complicarse por muchos estados de enfermedad y por la fragilidad mental y física que puede aumentar aún más el riesgo de deshidratación.

Los cambios relacionados con la edad incluyen una reducción de la sensación de sed, que puede ser más pronunciada en las personas con enfermedad de Alzheimer o en las que han sufrido un accidente cerebrovascular. Esto indica que la sed en las personas mayores puede no ser un indicador de deshidratación.

La reducción de la función renal también es un factor de riesgo. Los riñones juegan un papel vital en la regulación de los fluidos, pero su función se deteriora con la edad y la respuesta hormonal a la deshidratación (que es clave para el equilibrio de los fluidos) puede verse afectada.

La deshidratación es más común en aquellas personas con deterioro cognitivo y cambios en la capacidad funcional. Las dificultades para deglutir, la demencia y la diabetes mal controlada son más comunes en las personas mayores y están todas asociadas con una mala hidratación.

La probabilidad de deshidratación también puede ser exacerbada por medicamentos como los diuréticos y los laxantes. La incontinencia predispone a la deshidratación, ya que las personas pueden limitar la ingesta de líquidos.

La ingesta inadecuada de líquidos es uno de los principales factores que contribuyen a la deshidratación evitable. La ingesta oral deficiente de líquidos puede estar relacionada con la incapacidad de alimentarse de forma independiente y con la falta de disponibilidad y acceso a los líquidos. Esto se puede agravar en el ámbito de la atención residencial por la capacitación inadecuada del personal y la falta de conciencia de la importancia de la hidratación.

Factores de riesgo comunes de deshidratación

  • Mayor edad
  • Residir en cuidados a largo plazo
  • Necesita ayuda con los alimentos y los líquidos
  • Incontinencia
  • Deterioro/confusión cognitiva
  • Estado funcional deteriorado y asistencia requerida para la alimentación
  • Número insuficiente o personal adecuadamente capacitado para ayudar a
  • Depresión
  • Múltiples medicamentos, particularmente diuréticos
  • Disminución de la sed
  • Enfermedad aguda, diarrea y vómitos

Consecuencias de la deshidratación

La deshidratación se asocia con resultados de salud deficientes como el aumento de la hospitalización y la mortalidad; por ejemplo, se ha informado un aumento del doble en la mortalidad de los pacientes con cáncer de pulmón.

Incluso la deshidratación leve afecta negativamente el rendimiento mental y aumenta la sensación de cansancio. Las funciones mentales afectadas incluyen la memoria, la atención, la concentración y el tiempo de reacción.

Las complicaciones comunes asociadas con la deshidratación también incluyen baja presión sanguínea, debilidad, mareos y mayor riesgo de caídas.

Los individuos mal hidratados son más propensos a desarrollar llagas por presión y condiciones de la piel.

El agua ayuda a mantener el tracto urinario y los riñones saludables. Cuando se reduce la ingesta de líquidos, aumenta el riesgo de infecciones del tracto urinario. La hidratación inadecuada es una de las principales causas de las lesiones renales agudas.

La ingesta inadecuada de líquidos es también una de las causas más comunes de estreñimiento. En los individuos que no están adecuadamente hidratados, el consumo de más líquidos puede aumentar la frecuencia de las deposiciones y mejorar el efecto beneficioso de la ingesta de fibra.

Muchas personas mayores son reacias a beber para evitar la necesidad de ir al baño, en particular durante la noche, pero la restricción de la ingesta general de líquidos no reduce la frecuencia o la gravedad de la incontinencia urinaria.